viernes, 30 de octubre de 2009

Pesadilla de Anhelo


Hace algún tiempo me pregunté, que es de las personas que algún día conocimos y hoy ya dejamos de ver, algunos siguen sus vidas y otros simplemente ya no la siguen.

Hoy me pregunto que el destino es impredecible, que la vida sorprende a cada segundo de nuestras vidas.


Nuestros 5 minutos de miseria se vuelven 5 años de pesadillas y el minuto de risa, se vuelve una vida de alegría, como es cuando encuentras en el camino a un desconocido y no quieres que nadie te busque, porque sientes que en un segundo la vida se te acaba, pero abres los ojos y siempre hay alguien por ti.


Ella pensaba que si fuese más guapa y un poco más lista y tal ves si fuera un tanto especial, tendría el valor de cruzar el vagón y poder hablar con aquel ser invisible que alumbraba el otro extremo del tren. Antonio se sentaba en el mismo lugar, siempre en frente y ni se imaginaba que ella llevaba su falda más bonita o aquella rosa en sus cabellos.


Antonio bostezaba al cristal y se le inundaban las pupilas. Tan rápido como de pronto cruzaron miradas, él suspiró, ella cerró los ojos, y apartan la vista. Ella contuvo la respiración y como un se puso a temblar.


Y así pasaban los días, de lunes a viernes cada hora, cada minuto y segundo, de estación a estación. Enfrente ellos dos y siempre el silencio.


Y de pronto ocurre, despertaron sus labios, pronunciaron su nombre tartamudeando y Antonio la miró, ellos pensaron, ella que fue tonta y el que no quería morir sin conocerla.


Y el tiempo se detuvo para ellos, se acerca diciendo -Yo no te conozco y ya te echaba de menos-.


Cada mañana era rechazo directo, pero desde entonces cada minuto de aquella estación era un minuto para seguir juntos a un mismo destino en este mismo tren.


Y al llegar, sus vidas cambiaron, aquel día especial de tanto silencio de desgracia, en aquella estación se tomaron la mano a la hora precisa a los segundos coordenadas, llegando al túnel que apaga la luz.


Y el encuentro de dos caras, agradecen a sus manos. Se vuelven valientes y el beso primero donde discurre insomnio del saber como y cuando se volvieron a encontrar tras tantos años en el mismo tren, entregándole el último soplo de su corazón.


El tren sufre aquel estrepitoso sonido y los vagones van colapsando las luces oscilan, viviendo en su mundo Antonio siente como su cuerpo se enfría dentro del metal húmedo de la chatarra de aquel tren, ella cae como una pluma vacía, que estaba ahí, y ya no, su cuerpo inerte es arrastrado, el sin vista extraña su sonrisa y ella sin respiración no siente la gravitación.

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