Son tantos los recuerdos que tengo de niñez, pero son tan especiales el haberlos pasado con ellos, mis hermanos, mayores que yo por 8 años, quienes me cuidaron desde que nací, me enseñaron a caminar y tropezar, las penas de amor y la realidad de la vida.Cuando nuestra madre salía de casa, mis únicos amigos eran ellos, una niña entre 2 gorilones así los veía, y hasta hoy pues son más altos que yo y sus fuerzas aumentaron, con los que jugaba tanto, ellos son 2, que se complementan en uno.
Mis mejores consejeros, con quienes me puedo sentar a hablar horas de horas antes que recuerden a sus novias y me dejen de lado, para llamarlas o decirme hablamos, cuídatelo.
Como no pensar en ellos, si por ellos aprendí a tener miedo y a reír sin parar, a soñar y llorar. Aquellos juegos que de niños como el muñeco de la lámpara, o al juntar sus camarotes e imaginar que era un barco.
Ellos querían un hermanito, pero nací yo, por ellos hoy soy quien soy, fueron parte del modelo que quiero ser para siempre, somos la especie de cuento simbólico en que cada uno vive por su lado desde hace tiempo, y con quienes ya hoy no hay motivos de risas.
Hoy somos tres entes diferentes, ellos altos, y de ojos color verde y yo una negra como aun me llama mi padre trigueña y de ojos pardos, aquel remedo de carne gelatinosa que cuidaron y adoraron desde su nacimiento.
Pero ellos están ahí, ya no me dan consejos, pero que mi madre perdone, me enseñaron lo que es la vida, y lo que significa la muerte, los golpes, las maldiciones, los llantos, los abrazos y aquella infancia que quedara grabada en mi mente hasta la muerte.
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